La teoría del caos en emoticonos

Me desperté de repente. La luz del sol me deslumbró entrando a sus anchas por el ventanal limpiando mi cabeza de todo atisbo de sueños. Miré la hora, era pronto para ser sábado. Dudé entre levantarme y aprovechar la mañana o seguir ensimismado dejando vagar mi mente con sus habituales chascarrillos. Mientras volvía a la realidad bajo el agua de la ducha comprendí que había optado por robarle horas al presente. Es curiosa la batalla del tiempo, observar cómo languidece o se estira según dicta el momento. Hay situaciones eternas que transcurren como un largo y lento tren de mercancías y otras fugaces de las que apenas saboreas una quintaesencia. En este momento me encontraba en una estación temporal comprando el billete a ninguna parte. El destino suele ser un misterio.

Estaba en la terraza plantado y a medio vestir con los ojos cerrados frente a un potente sol mediterráneo que me bañaba de arriba a abajo premeditadamente con su enorme haz de energía. Mientras mis viejas baterías se reponían lentamente, empecé a recitar en silencio las oraciones y mantras que había aprendido de mi gurú tibetano. Como solía pasar, se produjo un hueco en el tiempo para dar paso a la paz interior que todo lo llena. Es el momento en el que entras en contacto con la verdad de la impermanencia. Un agujero negro lleno de la nada de donde surge el todo. El alfa y el omega. El yin y el yang. El caos y el orden. La dualidad de todo lo existente. El principio femenino de la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción, frente al principio masculino del cielo, la luz, la actividad y la penetración.

De repente un enorme ruido de algo duro al chocar, como una piedra, me hizo retornar del inconsciente y agudizar los sentidos. Una pequeña pelota blanca, como de futbolín, se había estampado contra la pared de mi terraza. Ahora que me acuerdo, se me olvidó decir que vivo en las inmediaciones de un campo de golf. Nuevamente salí indemne de aquella conjetura. Poco a poco se restableció el orden en medio de aquel caos inicial, una aplicación práctica de la teoría de la dualidad. Aunque duró bien poco. En ese instante el dispositivo móvil que todos llevamos pegado con resignación como prolongación de las manos, empezó a tintinear frenéticamente para indicarme que no solo yo me había puesto en marcha. El mundo seguía rodando y todas las almas retornaban a la vida en una nueva jornada. Medio planeta despertaba, mientras el otro medio se disponía a acostarse.

Cuando me bajó la adrenalina que produce el tintineo de los mensajes abalanzándose desordenadamente por mi cortex cerebral, prefrontal derecho o izquierdo que más dá, reconocí el entrecortado proceder en la escritura de una estudiante del conservatorio de 5º de piano. Monosílabo. Puntos suspensivos. ¡Frase directa! Como preguntando ¿estás..? Sí, pues paso adelante. Intercambio más o menos entretenido de ocurrencias y medias verdades. Todo dentro del decoro y la buena intención. Le digo que me siento como un Jake Sully cualquiera. O peor, como otro Neo eligiendo la pastilla azul ¿o era la roja? Se echa a reir. Eso que todavía no le he hablado de la saga de Star Trek y de las diferencias irreconciliables entre Kirk y Picard, mi tema preferido. Me dice: no soy de eso, me da pereza. Contesto: nadie es perfecto. La pantalla se llena de emoticonos sonrientes.

Publicado por H.D. Cooper

Avatar: escritor, creativo, publicista, pintor y bloguero. Nacionalidad: ciudadano de Ubertnia. Objetivo: generar realidad cada atemporal instante. Deseo: ofrecer amor y servicio a todos los seres vivientes. Frase: hoy es un gran día.

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