En soledad, me sirvo a mi mismo

Andaba alegre y feliz, gozando de una luminosa mañana de primavera, cuando me tropecé con mi amigo Platón, no el filósofo ateniense, sino un conocido de la barriada, al que decidí apodar así por su elocuencia.

Platón estaba algo cabizbajo, triste y apesadumbrado por su reciente soledad. Acababa de romper una relación de pareja y no acababa de asimilar levantarse por las mañanas y verse sólo, sin nadie más con quien hablar, discutir o reír.

Al final, me hizo partícipe de sus reflexiones filosóficas, de ahí el mote, haciéndome notar que aquello, más que una desgracia, podía convertirse en la mejor de las oportunidades. Comenzó diciéndome:

«Sin distracciones, en soledad, no me cabe otra cosa que servirme a mi mismo. Yo soy todo lo que tengo. ¿Qué otra cosa puedo desear? ¿Qué mejor compañía que mi propia compañía? ¿Qué mejor compañero de viaje?

El exterior es un reflejo de lo que me hago a mi mismo, en silencio. Necesito de la interiorización para encontrarme, saber quién soy, cómo soy, lo que he hecho hasta ahora y a dónde quiero ir. ¡Esta es mi oportunidad!

En soledad, debo evitar que el ego mande de mí y me esclavice en su mundo de deseo y dependencia. Necesito crear, mediante un enfoque intenso, una bola de luz vibrante, y concentrar el máximo consciente para que me libere de todo parásito.

Invocar la luz divina, mantenerme en estado de escucha y receptividad, para recibir el mensaje y escuchar la voz de la constitución oculta, que señala el camino al que anda perdido, esperando despertar.

Cuando pienso en soledad, reflexiono en la paz y el silencio que guardan los templos tibetanos entre sus muros, en la soledad de las cumbres del Tibet y Nepal. Por eso me digo a mi mismo: Tu cuerpo es tu templo y tu espíritu el prior o el abad que lo gobierna. La soledad es la llama del candil que ilumina la sabiduría atesorada miles de años.

Influido por las enseñanzas de Buda Gautama, me digo: En la soledad del hombre siempre hay una cueva, un valle y un cementerio. En la cueva nos llenamos de agua que mana de la Fuente del Universo, bajamos al valle a regar la tierra de los hombres, y acabamos llenos de heridas, cicatrices y vacíos en el cementerio de la vida.

Como dijo Buda: Cada mañana nacemos de nuevo. Lo que hacemos hoy es lo que más importa. No hay un camino a la felicidad, la felicidad es el camino. Un momento puede cambiar un día, un día puede cambiar una vida y una vida puede cambiar el mundo.

En soledad, tenemos la inmensa suerte de poder ser nosotros mismos, libres de toda influencia externa. En soledad, uno puede decidir a donde va, qué camino toma. Una gran ventaja con el resto de los seres. Se nos ofrece la posibilidad de despertar a la consciencia. Se nos regala el aquí y el ahora.

Pero si no regamos las raíces, la flor no aparecerá. La raíz no es otra cosa que la síntesis de todo lo que somos (nuestro cuerpo, nuestros chakras, nuestro pensamiento, nuestra alma, nuestro espíritu).

Hasta que no comprendamos que debemos estar perfectamente alineados, permaneciendo parados y firmes en nuestro eje consciencial, no experimentaremos el despertar de la consciencia.

No se trata de permanecer largas horas en oración o practicando la meditación, sino simplemente ser simples y puros. Como dijo Jesús, ser como los niños, porque de ellos es el reino de Dios.«

Platón terminó su discurso evocando el silencio del alma, la meditación trascendental y la reflexión pura. El otro Platón, el seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles, estaría satisfecho al oírle expresarse como un verdadero maestro de la Academia de Atenas.

Por mi parte solo quiero apuntar, parafraseando la filosofía más erudita del Tibet, que la amistad es la única cura para el odio, la única garantía de la paz. El apego lleva al sufrimiento.

Aquellos que están libres de resentimientos, seguro que encuentran la paz. La mayoría de los problemas, si se les da suficiente tiempo y espacio, a la larga se desvanecen.

La felicidad es un artículo maravilloso: cuanto más se da, más le queda a uno. Por eso, yo también me declaro, de la más intima soledad, servidor. Porque, en soledad, yo me sirvo a mi mismo. ¡Qué mejor inversión para todos!

Publicado por H.D. Cooper

Avatar: escritor, creativo, publicista, pintor y bloguero. Nacionalidad: ciudadano de Ubertnia. Objetivo: generar realidad cada atemporal instante. Deseo: ofrecer amor y servicio a todos los seres vivientes. Frase: hoy es un gran día.

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