Detrás de la puerta

Mientras escuchaba un tema de Snatam Kaur, una mañana soleada de luz intensa, a pocos metros del mar y sus olas, me vino a la mente unas palabras pronunciadas no hace mucho por un viejo conocido mío, refiréndose a una mujer, que decían:

«Ayer cerré la puerta, que hasta ahora me llevaba por los caminos de la ciudad de enigmas y descubrimiento. Fui tan feliz en tus brazos, como acompañándote por los rincones del misterio, o en el bosque frondoso de tu mirada, donde nos abalanzábamos con los ojos cerrados, sin miramiento ni esperanza cierta.

Detrás de la puerta, quedaban las hogueras, el fuego de tus ojos, la pasión de tu cuerpo, los sentimientos perdidos, las noches de avalancha, las fieras enjauladas, las cimas del ego, las visiones perpetuas de luz congelada, el frío de la marcha, el sonido de tus pasos amortiguados por la huida, arrastrada por la soga de la dependencia.

Al cerrar la puerta, dejé lecciones de impaciencia, vampiros de silencio, tiempo encarcelado, oraciones sin retorno. Pero también perdí el sentido de la orientación, que me guiaba por los montes de nieves perpétuas y luz blanca, en la guarida de Dios, donde nos veíamos a diario, en la conjetura del Universo.

Ayer llamé a tu puerta: Me contestó un amor lejano, inexplicable sentido, emoción sin causa, ecos de épocas pasadas, lejanía y proximidad, evidencia de brasas encendidas, humo blanco de afecto en silencio. Te ví brillar como nunca. Cuando me volvió a circular la sangre por las venas, se desmoronó el techo de la caverna, el final del túnel, dejando el camino cerrado por la impotencia y la realidad del presente.

Quisiera poder vaciarme de tí: Para volverte a encontrar al abrir una (nueva) puerta. Descubrir —tomándome eternidades— cada átomo de tu consciencia. Romper todos los espejos y encontrarte como eres, sin disfraces ni máscaras, en el valle de la verdad, saciados de paz interior que reconforta, donde todos los amantes confluyen para escuchar el sonido del Universo.»

Según Krishnamurti en el Libro de La Vida: «Solo cuando uno escucha, oye la canción profunda de las palabras. Para escuchar se requiere que la mente esté quieta. Sólo cuando se escucha sin la idea, sin el pensamiento, se está directamente en contacto.» Lo que evidencia —tras el relato de mi amigo— que no podemos acceder a niveles óptimos de comprensión y claridad, ni apreciar experiencias compartidas, sin el estímulo poderoso de la espiritualidad y desde el interior de nuestra consciencia. Aunque siempre estamos a tiempo de intentarlo, abriendo la puerta.

Publicado por H.D. Cooper

Avatar: escritor, creativo, publicista, pintor y bloguero. Nacionalidad: ciudadano de Ubertnia. Objetivo: generar realidad cada atemporal instante. Deseo: ofrecer amor y servicio a todos los seres vivientes. Frase: hoy es un gran día.

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