That’s the end, baby

No era mi intención perturbar tu soledad y tu silencio, pero, dado que no sabía cuanto tiempo iba a durar, no tuve más remedio que romperlo, aunque fuera por escrito (que es como mejor me expreso). Ambos tenemos edad para saber que, cuando una pareja decide darse un tiempo, es porque la relación ya se encuentra en via muerta. «That’s the end, baby. Game over». (K Webster 2017)

Es obvio que un silencio tan prolongado era llamativo, hasta el punto que acabó convirtiéndose en una respuesta. Las personas adultas, ante los problemas, lo normal es que se sienten a dialogar para tratar de encontrar soluciones. Esta vez, al contrario, solo hubo silencio.

Quiero dejar claro que estoy hablando de intereses comunes, en ningún momento de sentimientos o emociones. Afrontar los hechos desde la perspectiva del amor y el cariño de una relación, es otra forma de afrontar la situación. Sólo hay que mirarse a los ojos, los dos, fijamente, unos minutos, para dar con la solución. Es una fórmula que pocas veces intentamos. No por falta de ganas. Ahora, al final, lo entiendo.

Nunca revisé los kilovatios de amor consumidos en la factura de nuestra relación, porque la lectura del contador siempre me daba error. Era lo único patente. Sé muy bien que hoy en día es muy difícil —casi imposible— que a estas alturas alguien se enamore. Estamos en un mundo donde hay poco espacio para ese tipo de cosas.

Pero quiero hablarte solo del interés de nuestra relación. Toda relación se basa en el equilibrio (estoy harto de leerlo y escucharlo). Equilibrio versus negociación: yo te doy, tú me das, ambos salimos ganando. Existe un beneficio mutuo. Si se rompe el equilibrio, acaba rompiéndose la relación. No me puse a valorar lo que ha aportado cada uno, pero no estaría de más que tú lo hicieras, porque hacer ese inventario resume mucho la fotografía de lo sucedido.

Lo esperado era decir que inicialmente ambos buscamos una situación mejor que la que teníamos antes de conocernos. Al principio, tuvimos algunas fricciones o minicrisis, como cualquier pareja, pero acabamos admitiéndolo todo, sin considerar, reflexionar y negociar nada. Ese fue nuestro principal error.

No obstante, como en cualquier relación deseada, las piezas acabaron encajando. Poco a poco se fue componiendo un equilibrio que propició que la relación funcionara. Fueron cinco años positivos, a pesar de haber sobrevivido a una pandemia, que se llevó a mucha gente por delante.

Pero la verdad acabó aflorando, hasta el punto que nuestra relación terminó situándose muy por debajo en tu escalado de preferencias. Sólo había que remitirse a los hechos y comprobar el orden en el que confeccionabas tu agenda. Lo nuestro siempre acababa en el furgón de cola. Empecé a tener la sensación de que cada día que pasaba me iba encogiendo más y más en tu vida, me iba empequeñeciendo.

Si algo he tenido claro es que nuestra relación debía ser completa, girando alrededor de dos personas: tú y yo. Lo que no quiere decir desatander o ignorar todo lo demás —al contrario— había que hacerlo desde un espacio de convivencia común, que pretendía ser un hogar en construcción, para el que hace falta una gasolina muy especial: el amor.

Hasta que un buen día, con la excusa de un nuevo trabajo, te llegó la oportunidad esperada. Decidiste marcharte, poniendo fin a nuestra convivencia (y obviamente a nuestra relación), a pesar de prometernos continuidad en la distancia. Debo decir que fue la decisión más rápida y contundente que he visto nunca.

A pesar de ser un planteamiento tan evidente e indiscutible, reconozco que todo fue tan rápido que estuve desconcertado y sin saber qué hacer durante un cierto tiempo. No me podía creer lo que me estaba pasando. De repente desapareciste de mi vida. Fue la antesala del final. Te tomaste tu tiempo ausente y en silencio. Como he dicho al principio, eso ya era una respuesta definitiva, que yo solo me atreví a adelantar.

Decía nuestro gurú predilecto, tan sabiamente como siempre, que cuando una situación —o relación— se agota, y mantenernos aferrados a ella solo nos produce sufrimiento, lo que debemos hacer es soltarla. He notado que desde que cambié de perspectiva duermo mucho mejor, y me siento mucho mejor, hasta más ligero, como si me hubiera quitado un peso de encima.

En el momento en el que nuestros caminos se han separado, sinceramente, te deseo que seas feliz. Me quedo con todo lo positivo de nuestra relación, dado que por mi parte nunca fue una farsa. Pero, sobre todo, me quedo con la conciencia tranquila. Si he podido actuar erróneamente, ha sido por desconocimiento. Nunca he pretendido hacer daño a nadie. Cada uno tiene la vida que ha decidido tener.

Las cosas (y las personas) son como son y hay que aceptarlo. Debemos aprender de los errores e intentar superarlos. La soledad es reconfortante cuando se tienen tantos proyectos atrasados pendientes. Se trata de conseguir cada cual su propósito de vida. No puedo quejarme, a pesar de todo, soy un privilegiado. Quiero ser reincidente y voy a seguir enganchado al amor. Eso sí, empezando por mi mismo.

Publicado por H.D. Cooper

Avatar: escritor, creativo, publicista, pintor y bloguero. Nacionalidad: ciudadano de Ubertnia. Objetivo: generar realidad cada atemporal instante. Deseo: ofrecer amor y servicio a todos los seres vivientes. Frase: hoy es un gran día.

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