Leyenda negra, atadura y unión

La leyenda negra española forma parte de nuestro karma negativo, una pesada carga que generación tras generación se viene soportando estoicamente, la mayoría de las veces por desconocimiento y otras por ignorancia. Nos la creímos desde el mismo instante que la propaganda anglosajona y neerlandesa (y el resto de los poderes fácticos centroeuropeos) la crearon para ocultar y justificar sus propias atrocidades.

¿Debería indignarme y exigir a Inglaterra que pidiera perdón por basar su patriotismo como nación sobre su gesta contra la Armada Invencible, la invención de la Leyenda Negra y por el odio/desprecio a todo lo que huele a España, lo español y lo hispanoamericano?

Nos quieren desunidos, callados y empequeñecidos. Hasta el punto de convertirnos en lo que somos: un páis menor, desahuciado, empobrecido, desunido, fragmentado, sin espíritu, ni conciencia de pueblo. Y lo que es peor, que repúdia su propia historia. Una historía, al igual que la leyenda negra, escrita por sus enemigos.

Dicen que el imperio español nació de la incapacidad de su monarquía por unirse y perpetuarse. Por lo que un problema de sucesión tiró por la borda el devenir de nuestra conciencia de pueblo. Forjándose, a partir de entonces, de ideales y costumbres extrañas, por la gracia divina de reyes y monarcas extranjeros, que nos trajeron, al igual que una peste, los peores males y augurios de la vanidad y el desarraigo humano.

Primero los austrias germánicos, y despúes los borbones franceses, acabaron con cualquier vestigio de personalidad hispana para imponer lo peor de sus costumbres importadas. Los primeros sometieron cualquier signo de rebeldía, como los comuneros castellanos, a los que persiguieron y eliminaron sin compasión. Y los segundos acabaron con los fueros y cualquier atisbo de personalidad autóctona, imponiendo el afrancesamiento de costumbres, leyes, cultura e historia. España acabada de dejar su destino en manos extranjeras. Desde siempre, hasta nuestros días.

Si ahora mismo hablara como lo suele hacer un indigenista americano de las antiguas culturas azteca, tolteca, olmeca, inca, maya o incluso los de los pueblos navajo, apache, nascas, hopi, queuchuas, aymaraes, puelches, patagones, guaraníes y araucanos.. al igual que ellos, comenzaría reivindicando que desciendo de la cultura originaria, la íbera. En concreto de la tribu o clan de los edetanos, primeros pobladores de la ciudad de Edeta, en el centro del levante español.

Con casi cinco mil años de antiguedad, los orígenes íberos se remontan a la edad de bronce. Al igual que las antiguas culturas americanas, poseía escritura, tenía leyes, organización social, panteón de dioses y diosas, ritos funerarios, dominaba el arte y la cerámica, construía edificios, ciudades, templos y fortificaciones. Tenía sus propios chamanes o druidas. Y además, sabía fundir el bronce, el hierro, la plata, el oro y hacían la guerra. Erán considerados buenos jinetes y expertos guerreros. Y su juramento de fidelidad (la devotio ibérica), solo se rompía con la muerte.

En cada momento histórico rigen unas determinadas creencias que se van modificando según los condicionamientos sociales imperantes. Lo que era bueno y aceptado en determinado espacio de tiempo, acabo siendo malo y detestable en otro. Hoy no existe, está erradicado y condenado el garrote vil y la quema de brujas e infieles en España. Al igual que los sacrificios humanos en el Huey Tzompantli de Tenochtitlan al dios Huitzilopochtli en Mexico.

No pretendo decir que nuestros antepasados carecieron de cualquier responsabilidad por conquistar un nuevo continente, cuando lo que se pretendía era encontrar una ruta más rápida para comerciar con oriente. Tampoco me planteo quejarme a los griegos por destruir y saquear Troya. O a Alejandro Magno, por conquistar Asia y África. O a los romanos por hacer lo mismo con Cartago y todos los pueblos conocidos del Mediterráneo.

Ni que decir del imperio turco, asolando Grecia, Macedonia, el sur de Europa, Asia y el norte de Africa. O más todavia, el imperio musulmán, esparciendo el Corán y ocupando medio mundo. Ni de Atila, Genghis Khan, el imperio chino o el japonés. Como punto y aparte, cito los regímenes imperialistas de Napoleón, Hitler o Stalin. Y no digo nada del más obvio, ilustre, laureado, repintado y rediseñado : el imperio británico y su hijo mayor, el imperio americano (del norte), construidos sobre los escombros del imperio español.

De los árabes sabemos mucho en España, ya que nos invadieron dos veces y fuimos colonizados por ellos más de seis siglos. Al igual que lo fuimos con anterioridad por celtas, fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Antes y después de los moros, tuvimos que padecer la ocupación de los bárbaros del norte, ostrogodos, visigodos y un largo etcétera de godos. Además de las incursiones de los pueblos nórdicos, vikingos, además de toda clase de piratas y saqueadores.

Por todo ello, no tengo ninguna intención de quejarme ante Irlanda, Grecia, Italia, Noruega, Suecia o Dinamarca. Ni siquiera pienso hacerlo ante la mayor atrocidad y el mayor expolio que este pueblo ha sufrido en toda su historia, como fue la ocupación, asesinato, saqueo y pillaje que las tropas de Napoleón infringieron al pueblo español. Por primera vez unido frente al invasor. ¿Debería indignarme y exigir a Francia que pidiera perdón?

¿Qué quedó de los antiguos íberos después de todo aquello? Todavía me lo estoy preguntando.

Al igual que me pregunto por qué llevamos tantos años viviendo en un paradigma en el que las virtudes y defectos del mundo anglosajón (que expandió la leyenda negra), son el ejemplo a seguir por todas nuestras pasadas, presentes y futuras generaciones. Es la actual cultura occidental que prevalece y a la que todos nos miramos como quien se mira ante un espejo.

Sólo nos queda servir de payasos en el Gran Circo Mundial. Para que los poderosos del Norte nos paguen con limosnas. Como en un gran zoo, donde somos expuestos (algunos en jaulas), mientras desde las vallas nos arrojan cacahuetes y se hacen selfies. Todo un espectáculo digno de la Caverna de Platón y su República. Nosotros estamos en la cueva y ellos en luminoso exterior, en una realidad preexistente y aceptada.

¿Pero quienes fueron realmente los perfectos y auténticos saquedores de continentes?

Deberíamos preguntar a los fundadores de bancos y prohombres de la usura europea, como la familia Fugger o la Liga Hanseatica; los Welser y los banqueros de Gante en Flandes, la Brujas o la Amberes Bourse; los paises bajos y su Amsterdamsche Wisselbank, o la Compañía Holandesa de las Indias; su cohetánea Británica de las Indias o el London Royal Exchange, con el Lloyds de Londres; o los banqueros Spinola de San Luca, Spinola de Lucoli, Centurione, Strata, Pallavicino, Invrea, Pichinotti y Balbide de Pisa, Verona, Génova y Florencia (1).

Para hacerse una idea, mientras los ingresos anuales de Carlos V oscilaron entre 1 y 1,5 millones de ducados, el conjunto de los créditos que hubo de solicitar alcanzó un total de 39 millones. En 1556, cuando Carlos transmitió su herencia a su hijo Felipe II, quedaban por devolver casi siete millones de ducados. Al año siguiente de tomar el poder, Felipe II se declaró en bancarrota.

¿Dónde realmente fue a parar la riqueza que portugueses y españoles trajeron de América? Basta darse una vuelta por esas ciudades europeas y admirar sus palacios, mansiones, residencias, monumentos, mausoléos, catedrales y edificaciones. Nosotros los hicimos ricos y ellos supieron aprender como continuar siendolo. Desde entonces, hasta nuestros días.

(1) <<Cuna del nuevo arte del Renacimiento, Florencia marcó el periodo de esplendor de una de las ciudades más hermosas del mundo. Cúpulas, campanarios, torres, murallas y tejados antiguos, todo se mezcla en un limitado espacio para ofrecer la belleza del arte renacentista. Sus calles están salpicadas de elegantes palacios construidos por las más prestigiosas familias de la ciudad.>>

En cambio a España, la arrogancia y el desatino de los austrias y borbones solo nos trajo la peste, muerte, guerra, religión y miseria. Deuda y dependencia económica de por vida. Siglos de penuria que acabaron convergiendo años después en el peor mal que le puede sobrevenir a un pueblo, la Guerra Civil. Una guerra de hermano contra hermano, donde La República intentó acabar, de una vez por todas, con la estirpe monárquica extranjera, sin éxito. Franco y toda la élite económica mundial se empleó a fondo para impedirlo, en un apoteósico final conmemorativo de la leyenda negra. ¿Deberían todos pedirnos perdón?

Algunos dicen que el simbolo actual de nuestra personalidad como pueblo está maravillosamente perfilado en el Quijote de Cervantes. Nos describe a un hombre decidido, de firmes opiniones y valiente. Que a pesar de todo no actúa como un loco, sino como un niño que se cree su propio juego. Un hombre libre, que se lanza a las aventuras impulsado en su libertad de elegir. Nos enseña que la verdad es relativa y que la palabra empeñada es de alto valor (al igual que la dignidad) y hay que respetarla. Como la devotio ibérica.

En el Quijote se aboga por una sociedad ideal en la que no exista propiedad privada, en la que la naturaleza dé por sí misma sustento suficiente para todos los seres humanos, y en la que, en consecuencia, no haya necesidad de jueces ni de justicia. Idealismo utópico, sin duda; pero también rechazo simultáneo de todo sistema autoritario, de cualquier imposición violenta de un hombre sobre otro. Para Miguel de Cervantes la libertad está por encima de todo.

¿Entonces de qué nos vale saber la verdad sobre la leyenda negra?

Sirve para que Europa, EE.UU., Rusia y China no conviertan España e Hispanoamérica en un parque temático y a nosotros en los extras de la película. Pero eso requiere de una profunda reconciliación entre todos los hispanoamericanos, una reconciliación para la cual hay que terminar con el mito de la leyenda negra. Todas esas insensateces constituyen el núcleo duro de la subordinación cultural que sufrimos desde hace más de quinientos años. No estamos divididos porque seamos indolentes o idiotizados, sino que lo somos porque estamos divididos.

Termino con un pequeño trozo de El Quijote que dice:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.”

No hay nada más difícil que gobernar a un pueblo inteligente.

Anónimo

Publicado por H.D. Cooper

Avatar: escritor, creativo, publicista, pintor y bloguero. Nacionalidad: ciudadano de Ubertnia. Objetivo: generar realidad cada atemporal instante. Deseo: ofrecer amor y servicio a todos los seres vivientes. Frase: hoy es un gran día.

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