Alfa y omega

Me planteo la vida como una intensa, comprimida y excitante película que se ha ido grabando escena a escena en mi cerebro y que mi alma rescata y ofrece, desde una perspectiva positiva, al final de los días, para nuestra mayor satisfacción personal del deber cumplido. Dicen, y es verdad, yo lo he comprobado, que a veces se nos da la oportunidad de visionarla antes del final y que en esa ocasión todo transcurre tan deprisa que es imposible retenerla. Es cierto, es como ver pasar el tiempo fuera del tiempo sin que éste exista. Para nosotros es un instante, para el universo forma parte de una eternidad permanente fluyendo en el cosmos.

Precisamente en aquella ocasión que, como he dicho vi la Luz (tuve una ECM), todo empezó con una regresión hasta el instante primero de mi nacimiento. La vida fue pasando fotograma a fotograma, desde aquel día (yo tenía quince o dieciséis años), retrocediendo vertiginosamente hasta que me encontré dentro de mi madre apretujado, boca abajo y escuchando, como resonaban los latidos de su corazón. Todavía fuí más allá, conscientemente vi millones de diminutos renacuajos al asalto de aquella maravillosa, perfecta y brillante fortaleza ovular. Y me sentí elegido, uno entre un millón, para gestar mi propia concepción. El alfa y omega de la vida permanecía como siempre flanqueado por aquella Luz.

Es indescriptible la sensación de bienestar que se manifiesta creciendo dentro del cuerpo de otro ser, si además gozamos de la suerte de conocer de cerca el primer amor, el amor de una madre por su hijo. El gozo físico, que ya es importante, se multiplica por cien con el gozo mental y espiritual al sentirse querido. Esta sería para mí la descripción perfecta de la única verdad. Un estado de plenitud total que lo acapara todo, lo físico, lo mental y lo espiritual.. y que tan pocos logran saborear en el transcurso de su vida. Porque esa verdad manifiesta que.. sólo el amor es real.

Quiero pensar que mi madre me quiso en ese momento, aunque solo fuera por el efecto químico natural que producen las hormonas que gestionan el vínculo de apego, en concreto la ocitocina, llamada precisamente hormona del amor. Ese fue mi primer encuentro con la pluralidad de sentimientos y sensaciones que representa el amor, y que tantas consecuencias nos acarrea en el transcurso de nuestra vida. La verdad es que yo me encontraba allí dentro a salvo, a gusto y feliz, o al menos eso es lo que recuerdo. Desde luego, en comparación con las otras realidades exteriores, aquello era el jardín del edén concedido por prerrogativa divina.

Publicado por H.D. Cooper

Avatar: escritor, creativo, publicista, pintor y bloguero. Nacionalidad: ciudadano de Ubertnia. Objetivo: generar realidad cada atemporal instante. Deseo: ofrecer amor y servicio a todos los seres vivientes. Frase: hoy es un gran día.

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